África Occidental en la Era de las Revoluciones

Texto: Alejandro Salamanca Rodríguez
Ilustración: Violeta Velasco

Introducción

 

 

Hace cuatro años me gradué en Historia sin saber gran cosa sobre África, un continente entero.  Aunque en la carrera estudiamos corrientes historiográficas, apenas oímos hablar de historiadores de la región como W.E.B Dubois (1868-1963), y en las clases de historia universal África no era más que una parte del enorme tablero de juego de las potencias occidentales. A pesar de que “los historiadores africanos han planteado muy buenas preguntas sobre las conexiones de larga distancia y los procesos a gran escala” 1, en la mayoría de grados universitarios la historia de África queda relegada al rincón de los Estudios de Área. Aun así, la historiografía sobre África hace tiempo que superó las tendencias racistas de principios del siglo XX y la teoría de la modernización de los años 50 y 60.  Este artículo es el resultado de mi propio desconocimiento, un intento personal de conectar la región con la historia mundial de forma clara y concisa.

Cuanto más generalizamos y ampliamos el foco de nuestro análisis, más borrosa y distorsionada se vuelve nuestra visión, de modo que en lugar de tratar el continente entero he decidido centrarme en África Occidental, que es el área que resulta más cercana a España e Iberoamérica. La región abarca dieciséis países, de modo que es más práctico describirla por sus fronteras: al norte el Sahel, la zona de transición entre el desierto del Sáhara y la sabana; al oeste el océano Atlántico y las desembocaduras de los ríos Gambia y Senegal; al sur el golfo de Guinea; y al este una línea imaginaria entre el monte Camerún y el lago Chad que atraviesa distintos climas y orografías, desde la selva hasta el desierto. Conectando las distintas partes, el extenso río Níger, que nace en Sierra Leona y desemboca en el golfo de Guinea tras cruzar Mali. La región es enorme y compleja, pero se pueden encontrar algunos puntos en común, como veremos.

Como historiador, uno de mis periodos favoritos es el de la “era de las revoluciones” (1750-1850), el culmen del primer proceso globalizador iniciado con el “descubrimiento” de América. En apenas cien años la mayor parte del mundo se transformó por completo. Una primera ola de revoluciones (la norteamericana en 1776, la francesa en 1789, la haitiana…) cambió para siempre la política del mundo atlántico. En Europa, la revolución agrícola propiciaba la industrialización de algunos países como Reino Unido, que aumentaba su producción y establecía colonias en África y Asia para dar salida a sus productos. Durante la segunda mitad del periodo, la mayoría de las posesiones españolas en las Américas obtuvieron su independencia y se convirtieron en nuevos Estados. En menos de un siglo, el absolutismo del Antiguo Régimen había dado paso al capitalismo liberal e industrial. Las bases del mundo contemporáneo se asentaron, en cierto modo, hace 150 años. Aunque durante este periodo los contactos entre África Occidental y el resto del mundo atlántico fueron muy intensos, la región no fue completamente colonizada hasta poco antes de la Primera Guerra Mundial.

En la carrera aprendimos que África Occidental estaba conectada al sistema comercial atlántico mediante el “comercio triangular”: los mercaderes europeos compraban esclavos en los puertos africanos a cambio de textiles y otros productos y los vendían en las plantaciones coloniales como mano de obra barata. Más allá de eso, creo que muchos estudiantes de historia no nos hemos preguntado cómo cambió África durante ese periodo o qué influencia han podido tener sus habitantes en los eventos que transformaron el mundo atlántico. Asumimos que África es tan solo una víctima silenciosa de la historia humana, primero esclavizada y luego colonizada. Y, sin embargo, los historiadores del continente están empezando a encontrar conexiones muy interesantes, como la influencia de las yihads de África Occidental (hablaré brevemente de ellas al final del artículo) en las revueltas esclavas del Caribe.2

En este artículo me centro en tres elementos clave: migración, esclavitud e islam. Podría haber elegido cualquier otro enfoque, pero creo que estos tres temas son de especial interés. Desde hace más de diez años (recordemos la “crisis de los cayucos”) se habla mucho de migración africana a Europa, pero no se analiza el fenómeno en profundidad, ni a nivel comparativo (el volumen de migración circular interna en África Occidental supera enormemente el de la migración a Europa), ni a nivel histórico. La esclavitud, por otra parte, es un recuerdo fundamental en las relaciones entre África y Occidente y una terrible realidad en países como Mauritania o Libia, pero a menudo está envuelto en mitos y exageraciones. Por último, el islam ha sido uno de mis objetos de estudio en los últimos años, pero apenas he escrito (o leído) sobre el islam subsahariano. Aunque las generalizaciones son inevitables dada la amplitud de la región y el periodo, he tratado de destacar lo máximo posible las complejidades y continuidades de la historia del oeste de África.

 

 

Movilidad y migración en África Occidental

 

Estamos habituados a mirar al mundo a través del prisma de las naciones-Estado y las fronteras fijadas y estables. Por eso, entre otras cosas, los mapas de África durante el periodo tienen enormes huecos en blanco.  Históricamente, las naciones-Estado representan una pequeña fracción de las múltiples formas de control sobre población, recursos y territorio. Sin embargo, el nacionalismo metodológico (la tendencia a entender el Estado-nación como la unidad estándar de análisis) nos ha llevado a creer que las partes en blanco de los mapas estaban despobladas o bien dominadas por la inestabilidad y el caos. Lo cierto es que las partes en blanco de los mapas históricos solían estar pobladas y controladas por grupos que rivalizaban entre sí. Por ejemplo, en el Sahel, los Estados emergentes —y más tarde las potencias coloniales— tuvieron que competir contra los grupos nómadas. Estos grupos no entendían el poder en términos de “propiedad” de la tierra o los recursos, sino según la posibilidad de acceso a ellos y la capacidad de limitar el libre movimiento de otros grupos, ya fuera mediante la esclavitud o el pago de un peaje. Benedetta Rossi ha acuñado el término kinetocracia para describir este fenómeno.3 Estas configuraciones políticas alternativas, no obstante, no suelen aparecer reflejadas en los mapas.

África Occidental en 1750, según Geacron. (4)

 

 

Mapa británico de África Occidental, 1809. (5)

 

Los pueblos africanos siempre han sido móviles. El grado de movilidad de las distintas poblaciones ha dependido tradicionalmente, entre otros factores, de cómo han usado el medio para producir alimento: caza y recolección, pastoreo, agricultura o pesca.6  Todas estas formas requieren algún tipo de desplazamiento: los poblados agrícolas suelen desplazarse varios kilómetros tras varios años de asentamiento para permitir la recuperación del suelo. Del mismo modo, hay importantes comunidades de mercaderes y comerciantes que se desplazan constantemente conectando la región, como los Yulá. Teniendo en cuenta esto, Jan Vansina describe como migraciones distintos “movimientos inusuales de población” e identifica varios tipos de migración (expansión, diáspora, migración en masa, migración en bandas y migración de élites), aunque la diferencia entre los distintos tipos puede ser difusa.

 

Las migraciones en África Occidental han tenido causas muy diversas. Durante la “era de las revoluciones” la guerra y la política desplazaron a muchas personas como conquistadores, esclavos o refugiados. Sin embargo, no todas las migraciones se deben a factores políticos, económicos o medioambientales. Muchos musulmanes de la región intentaron realizar el peregrinaje a la Meca y algunos de ellos, incapaces de continuar hacia su destino o de regresar a casa por motivos varios, se asentaron en el Sudán (los límites del Sudán histórico son ligeramente distintos de los actuales) y fundaron aldeas y pueblos.7 Se podría decir que la migración era, hasta cierto punto, “libre”, dado que los precarios Estados de la región no tenían la autoridad y la capacidad de establecer y controlar fronteras definidas, pero ya hemos visto que los Estados no eran las únicas instituciones que controlaban o restringían los movimientos de población.

 

La mayoría de las migraciones en África Occidental eran internas, al igual que en el resto del continente. Del mismo modo, a pesar de la creencia popular, hoy en día la mayoría de las migraciones en África son todavía internas y circulares.  No obstante, en la “era de las revoluciones”, a diferencia de en la actualidad, la causa más importante de desplazamientos de población era la esclavitud, que veremos en la siguiente sección. A pesar de ello, también hubo migraciones “libres” e incluso expansiones para colonizar áreas previamente deshabitadas, aunque estos movimientos no fueron tan significativos como en siglos anteriores, ya que había menos tierra disponible. La creación de algunos Estados de la región se debió a la migración, como es el caso del pueblo Dogon y los reinos Mossi en los actuales Mali y Burkina Faso.8 Al mismo tiempo, el colapso de Estados e imperios también causó movimientos de población. Los cambios sociales causados por la esclavitud aumentaron la inestabilidad y también desencadenaron distintas migraciones: bandas cazadoras de esclavos, familias escapando a áreas recónditas para evitar ser esclavizadas, o esclavos fugitivos tratando de huir de vuelta a sus sociedades o estableciendo nuevas comunidades.

 

Finalmente, aunque la mayoría de los habitantes de África Occidental que emigraron hacia otras partes del mundo lo hicieron contra su voluntad, también hubo algunos de ellos (o sus descendientes) que se movían por África o Asia como hombres libres, bien porque habían obtenido su libertad tras ser esclavizados o bien porque dejaron África voluntariamente.9 Su presencia revela que África Occidental ya estaba conectada al resto del mundo antes la explosión del comercio de esclavos transatlántico. Ya había prominentes personas negras en la España del Siglo de Oro, como es el caso del erudito Juan Latino (1518-1596), que nació esclavo y llegó a ser profesor en la Universidad de Granada y a casarse por amor con una aristócrata blanca. Muchos afro-europeos nacieron de madres esclavas, pero es difícil rastrear su ascendencia. Otro ejemplo famoso es Thomas Alexandre Dumas (1762-1806), el primer general en jefe francés negro y abuelo del novelista Alejandro Dumas. Hay ejemplos similares en Asia, aunque allí la mayoría de los esclavos procedían de África Oriental a través de la ruta del circuito comercial del océano Índico. 10

 

 

Esclavitud y sociedad en África Occidental

 

Como hemos visto, no todos los migrantes africanos durante este periodo eran esclavos. Sin embargo, la esclavitud transatlántica fue, sin lugar a dudas, el mayor factor de transformación en África Occidental durante la “era de las revoluciones”, alterando dramáticamente la sociedad, la economía y la demografía. La región se convirtió en la mayor zona exportadora de esclavos de Europa: a finales del siglo XVIII alrededor de 60.000 esclavos eran enviados a América cada año.11 No obstante, estos representaban solo un tercio de los esclavos capturados. La demanda interna de esclavos aumentó a la par que la demanda internacional y alteró gradualmente las sociedades del África Occidental.

 

La trata de esclavos ya estaba presente en la zona antes del siglo XVII. La región había sido una fuente de esclavos para Europa y el Magreb desde la Antigüedad, aunque no era la única ni la principal proveedora. Hasta el desarrollo del sistema de plantaciones los esclavos en Europa y Asia no habían sido empleados como trabajadores manuales, sino más bien como soldados, administradores, concubinas, asistentes o acompañantes para las élites. Hasta cierto punto, los esclavos eran un producto de lujo, de modo que la demanda era baja y el peso de la esclavitud en la economía era marginal. Había esclavos, pero la producción económica y el orden político no dependían de su existencia.

 

Aunque entre 1750 y 1850 menos de la mitad de los esclavos fueron vendidos a los tratantes europeos, el impacto de la esclavitud en África Occidental fue más que notable. La población disminuyó significativamente. De media, la costa oeste perdió el 1.2% de sus jóvenes varones y el 0.7% de sus mujeres jóvenes.12 La pérdida de población interrumpió el crecimiento demográfico y retrasó el desarrollo económico y la interconexión de la región. 13 La proporción de sexos (sex ratio) fue alterada por la demanda de esclavos europea y africana, que era complementaria: los europeos querían esclavos masculinos para trabajar en sus plantaciones, los africanos preferían esclavas como esposas o concubinas. En África, “la subordinación de la mujer reforzó significativamente el dominio de los hombres en posiciones de poder”, 14  lo que a largo plazo llevó a un descenso de la fertilidad. 15

 

Según Patrick Manning, entre los siglos XVII y XIX África Occidental pasó de ser una “sociedad con esclavos” a una “sociedad esclavista”. Es decir, África Occidental y otras partes del continente desarrollaron poco a poco un “modo de producción esclavista” que precisaba de esclavos. La relación entre esclavos y amos quedó institucionalizada mediante una ideología de la esclavitud. Algunas de las tradiciones y relaciones de dependencia entre amos y esclavos persisten aún hoy en áreas urbanas como Bamako o París, donde en algunas ocasiones los antiguos amos y los inmigrantes de antiguas familias esclavas reproducen las viejas jerarquías. 16 A pesar de que la esclavitud transatlántica es hoy día recordada y conmemorada, la esclavitud doméstica sigue siendo un tabú en muchas partes de África Occidental.17

Impacto de la esclavitud en la costa de Guinea entre 1700 y 1900. Las exportaciones de esclavos alteraron la proporción de sexos. Gráfico traducido y adaptado por FUA. (18)

 

Eric García Moral y James Searing han estudiado cómo la sociedad de Senegambia fue transformada por la esclavitud durante los siglos XVIII y XIX.19 La demanda europea de esclavos incentivó el surgimiento de grupos locales de cazadores de esclavos, quienes secuestraban individuos o incluso atacaban poblados enteros. Los Estados y demás entidades políticas también participaron en la trata, organizando guerras y vendiendo a los prisioneros. El comercio de esclavos era un sistema complejo que involucraba a numerosos actores. La mayoría de los esclavos permanecían en África como sirvientes domésticos, campesinos, esposas o concubinas. Por supuesto hubo excepciones, personas que escapaban de la esclavitud y comunidades que se negaban a aceptarla, pero por lo general la esclavitud determinaba la mayoría de las sociedades en la región.

 

La abolición unilateral de la esclavitud por los británicos en 1807 no alteró dramáticamente las dinámicas del comercio esclavos. Como se puede apreciar en el gráfico, las exportaciones de esclavos ya estaban en retroceso antes de 1807. Lovejoy y Richardson argumentan que la abolición afectó principalmente al precio de los esclavos en las áreas donde los británicos podían evitar el envío de esclavos, de modo que el comercio de esclavos se desplazó de África Occidental a Angola y Luango. Los esclavos se acumulaban en los puertos de Benín, Biafra y la Costa de Oro, lo que causó un descenso muy pronunciado de los precios durante un breve periodo de tiempo. Sin embargo, la creciente demanda de esclavos en el Magreb y el Norte de África estabilizó los precios, que se mantuvieron constantes durante la mayor parte del siglo XIX.20 El comercio de esclavos intra-africano, que se había desarrollado durante los siglos anteriores, apenas fue afectado por la abolición, y la esclavitud interna y las sociedades esclavistas continuaron desarrollándose. Países como Mali o Mauritania solo abolieron la esclavitud en 1973 y 1981 respectivamente, y muchas personas de África Occidental todavía luchan contra el legado de la esclavitud en sus propios países. 21

 

 

Insertando África Occidental en la historia islámica moderna

 

El norte de África Occidental (Senegambia y el Sahel) es una parte integral de la civilización islámica.22 Muchos reinos e imperios medievales islámicos, como los almorávides o almohades, que llegaron a gobernar Andalucía, tuvieron sus orígenes en Mauritania y Mali. Había una sólida red de mercaderes y eruditos musulmanes que conectaban la región con el Sudán central y otras partes del mundo islámico, y cada año cientos de peregrinos viajaban a la Meca. Ciudades como Timbuctú tienen bibliotecas que han preservado manuscritos islámicos durante siglos. 23 Sin embargo, el islam africano tan solo ocupa un lugar marginal en las narrativas históricas sobre la religión.

 

Los historiadores modernos han descrito los siglos XVIII y XIX como un periodo de movimientos de reforma islámica que surgieron en respuesta al expansionismo occidental y el percibido anquilosamiento de la civilización islámica.24 En África Occidental, estos movimientos se suelen relacionar con la oleada de “yihads” (o “revoluciones islámicas”) que estremecieron el norte de la región durante el periodo. No obstante, no debemos sobreestimar estos movimientos.

 

En primer lugar, debemos ser conscientes de que antes de estos movimientos reformistas el islam todavía era una religión activa con intensos debates teológicos. El islam nunca ha sido un sistema de creencias monolítico, y cuestiones como la esclavitud o la yihad suscitaban controversias entre eruditos y creyentes. 25 Es cierto que las yihads de Usman dan Fodio o el-Hadj Umar Tal fueron increíblemente significativas para la historia de la región y que incluso tuvieron influencia en las Américas. 26  No obstante, la mayoría de los musulmanes de África Occidental durante el periodo permanecieron leales a sus cofradías sufíes tradicionales. Salvando las distancias y teniendo en cuenta las enormes diferencias, la situación a día de hoy es similar: Boko Harem y Al Qaeda tienen una influencia importantísima en el Sahel, pero no son representativos de la corriente principal del islam en la zona.

En segundo lugar, el islam tiene una relación ambivalente con la esclavitud, de modo que su influencia en el mantenimiento o la abolición de la práctica durante este periodo no está clara. Por un lado, el islam prohíbe que los musulmanes se esclavicen entre sí, de modo que muchas personas se convirtieron o fingieron convertirse al islam para escapar de la esclavitud y muchos otros se unieron a los movimientos de yihad que tenían cierto carácter antiesclavista. Por otra parte, la esclavitud de no-musulmanes fue justificada en numerosas ocasiones por gobernantes y clérigos, y sin lugar a dudas existían sociedades esclavistas musulmanas en la región. Lovejoy cree que el islam previno que muchos esclavos pasaran al mercado atlántico, ya que la venta de esclavos a no-musulmanes estaba prohibida por las autoridades islámicas durante este periodo. 27 En cualquier caso, es necesario considerar que no todos los musulmanes eran necesariamente creyentes devotos, de modo que los tratantes de esclavos musulmanes no tenían por qué adherirse a las costumbres islámicas.

 

Finalmente, aunque millares de esclavos musulmanes fueron vendidos en el mercado transatlántico, es muy difícil seguir sus huellas en las Américas. Solo en los últimos años ha habido intentos de reconstruir la historia de los esclavos musulmanes en América, con resultados prometedores pero aún poco concluyentes. 28

 

Conclusión

 

África Occidental no es un lugar sin historia ni ha sido un lugar aislado del mundo. Las ideas y las personas siempre han viajado desde y a través de la región. Históricamente, la mayoría de las migraciones y movimientos de población han sido internos, aunque siempre ha habido habitantes de la región dispersos por todo el globo, bien como esclavos o como hombres libres. No obstante, entre los siglos XVII y XIX la elevada demanda externa de esclavos varones produjo una profunda transformación de las sociedades y economías del oeste de África. Con la incorporación de los esclavos que no se vendían al exterior, normalmente mujeres destinadas al trabajo doméstico, las comunidades cazadoras de esclavos pasaron progresivamente de ser “sociedades con esclavos” a “sociedades esclavistas” donde la producción económica y el orden social dependían de la mano de obra esclava, lo que los académicos han descrito como “modo de producción esclavista”. El comercio de esclavos transatlántico alteró la relación entre sexos (había más mujeres que hombres) lo que acabó trastocando la relación entre géneros (las mujeres pasaron a ocupar un rol más subordinado) y desencadenó el declive demográfico, uno de los factores que explican el subdesarrollo de la región durante el periodo.

 

Una de las fuerzas de cohesión cultural de África Occidental era el islam. La religión islámica proporcionaba un marco de referencia moral común para muchos africanos, especialmente en Senegambia y el Sahel. África Occidental era (y todavía es) una parte integral de la civilización islámica. Sin embargo, el islam nunca ha sido una entidad monolítica, ni política ni doctrinalmente. Dentro del marco islámico común existían numerosos Estados y actores políticos que rivalizaban entre sí, al igual que intensos debates doctrinales sobre cuestiones como la esclavitud. En algunas ocasiones, como en la célebre yihad de Usman dan Fodio, los líderes religiosos musulmanes iniciaron insurrecciones o revoluciones, aunque la mayor parte del tiempo los clérigos e instituciones religiosas apoyaron a los poderes existentes. África Occidental no fue únicamente influenciada por eventos que sucedían en el resto del mundo atlántico: en las rebeliones de esclavos que se sucedieron en el Caribe durante el siglo XIX hubo numerosos actores procedentes de África Occidental. El rol del islam en estas revueltas, no obstante, aún no está claro.

 

En este breve ensayo he tratado de mostrar la complejidad de la historia de África Occidental durante la “era de las revoluciones” y su relevancia para entender algunos eventos actuales en la región. Desafortunadamente, dada la amplitud de la región y el periodo y la extensión limitada de este texto, el análisis que he hecho es necesariamente superficial. Aun así, creo que aporta un punto de partida para explorar los debates que rodean la historiografía de la región durante este periodo: la predominancia de la migración interna, el impacto del comercio transatlántico de esclavos y la transición de sociedades con esclavos a sociedades esclavistas, y el islam como un elemento de conversión interna y al mismo tiempo de heterogeneidad.

 

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Notas

 

1Frederick COOPER, “African History/ Global History” en Perspectives of History: the Newsmagazine of the American Historical Association, 2012. Disponible en: «https://www.historians.org/publications-and-directories/perspectives-on-history/december-2012/the-future-of-the-discipline/african-history/global-history»
2Bronwell EVERILL, “Demarginalizing West Africa in the Age of Revolutions” en Age of Revolutions, 2018. Disponible en: «https://ageofrevolutions.com/2018/03/19/demarginalizing-west-africa-in-the-age-of-revolutions/»
3Benedetta ROSSI, “Kinetocracy: the government of mobility at the dessert’s edge” en Mobility Makes States: Migration and Power in Africa, editado por Joel QUIRK y Darshan VIGNESWARAN, University of Pennsylvania Press, 2015, pp. 223-256.
4GEACRON, Interactive World History Atlas since 3000 BC. «http://geacron.com/home-en/?&sid=GeaCron109756»
5Robert LAURIE y James WHITTLE, The continent and islands of Africa, with all the recent explorations, Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya, 1809. «http://cartotecadigital.icc.cat/cdm/compoundobject/collection/africa/id/580/rec/1»
6Jan VANSINA, “Population Movements and emergence of new socio-political forms in Africa” en General History of Africa V: Africa from the Sixteenth to the Eighteenth Century, editado por Bethwell Allan OGOT, UNESCO, 1992, pp. 48-51.
7Vansina, “Population Movements and emergence of new socio-political forms in Africa”, 57.
8A. A. ILLASU, “The origins of the Mossi-Dagomba states” en Institute of African Studies: Research Review 7:2 (1971), pp. 95-113.
9Joseph HARRIS, “The African diaspora in the Old and the New Worlds” en General History of Africa V: Africa from the Sixteenth to the Eighteenth Century, editado por Bethwell Allan OGOT, UNESCO, 1992, pp. 113-116.
10 Algunos de ellos llegaron a alcanzar poder político, como Ambar de Etiopía. Ver Harris, “The African Diaspora”, pp. 132-135.
11 Los números y estadísticas son siempre aproximaciones. Una de las fuentes más detalladas sobre las dimensiones y el impacto de la esclavitud en África es Patrick MANNING, Slavery and African Life: Occidental, Oriental, and African Slave Trades, Cambridge University Press, 1990. En adelante, me refiero a sus números y cálculos. Cuando Manning habla de la costa oeste incluye Angola y Luango, de modo que las cifras de esclavos exportados desde África Occidental son necesariamente inferiores. Lovejoy y Richardson calcularon que unos 47.000 esclavos eran exportados anualmente desde África Occidental. Véase Paul LOVEJOY y David RICHARDSON, “The initial ‘crisis of adaptation’: the impact of British abolition on the Atlantic slave trade in West Africa, 1808-1820” en From slave trade to ‘legitimate’ commerce: The commercial transition in nineteenth-century West Africa, editado por Robin LAW, Cambridge University Press, 1995, p. 49.
12 Véase Manning, Slavery and African Life, pp. 48-50.
13Véase Joseph INIKORI, “Africa in world history: the export slave trade from Africa and the emergence of the Atlantic economic order” en General History of Africa V: Africa from the Sixteenth to the Eighteenth Century, editado por Bethwell Allan OGOT, UNESCO, 1992, pp. 74-112; y Manning, Slavery and African Life, 38-50.
14Manning, Slavery and African Life, 119.
15Katherine LAMIE, “The Impact of the Atlantic Slave Trade on West Africa: Polygyny and Female Reproductive Success” en Nebraska Anthropologist 22 (2007).
16Lotte PELCKMANS, “Moving Memories of Slavery among West African Migrants in Urban Contexts (Bamako, Paris)” en European Journal of International Migration 29:1 (2013), pp. 45-46.
17Eric HAHONOU, Lotte PELCKMANS, “History must be rewritten! Revisionist ambitions among West African slave descendents” in Slavery, Memory and Identity: National Representations and Global Legacies, editado por Douglas Hamilton, Kate HODGSON y Joel QUIRK, Pickering & Chatto, 2012, pp. 91-104.
18Manning, Slavery and African Life, 64.
19James SEARING, West African Slavery and Atlantic Commerce: The Senegal River Valley, 1700-1860, Cambridge University Press, 1992; Eric GARCÍA MORAL, Trata de esclavos, comercio legítimo y colonialismo: Casamance en el siglo XIX, Trabajo de Fin de Master, Universitat Pompeu Fabra, 2015.
20Lovejoy y Richardson, “The initial crisis of adaptation”, 32-56.
21Eric HAHONOU and Lotte PELCKMANS, “West African Antislavery Movements: Citizenship Struggles and the Legacies of Slavery” en Stichproben Wiener Zeitschrift für kritische Afrikastudien 20 (2011), pp. 141-162.
22 He tratado previamente el debate sobre el concepto de civilización islámica. Véase Alejandro SALAMANCA, “¿Civilización Islámica?” en Desvelando Oriente (2016). Disponible en: «https://desvelandooriente.com/2016/04/17/civilizacion-islamica/»
23Los manuscritos de Timbuctú son una fuente increíblemente valiosa para los historiadores del islam y de África Occidental. Véase Tomboctou Manuscripts Project, disponible en: «http://www.tombouctoumanuscripts.org/»
24 Véase mi serie de artículos sobre movimientos de reforma en Desvelando Oriente. Disponibles en:  https://desvelandooriente.com/2016/05/24/movimientos-de-reforma-i/
25James SEARING, “Islam, Slavery and Jihad in West Africa” en History Compass 4:5 (2006), pp. 761-779.
26Véase Manuel BARCIA, “An Islamic Atlantic Revolution: Dan Fodio’s Jihad and Slave Rebellion in Bahia and Cuba, 1804-1844” en Journal of African Diaspora Archaeology & Heritage 2:1 (2013), pp. 6-17. A pesar del título, Barcia solo encuentra conexiones ligadas a las prácticas guerreras, no a la ideología o la religión.
27Paul LOVEJOY, “Islam, slavery, and political transformation in West Africa: constraints on the trans-Atlantic slave trade” en Outre-mers 89:336 (2002), pp. 247-282.
28Por ejemplo, véase Manuel BARCIA, “West African Islam in Colonial Cuba,” en Slavery & Abolition: A Journal of Slave and Post-Slave Studies, 35:2 (2014), pp. 292-305; y Daniel DOMINGUES DA SILVA et ali, “The transatlantic Muslim diaspora to Latin America in the nineteenth century” en Colonial Latin American Review, 26:4 (2017), pp. 528-545.