Los principios de la innovación urbana

Paisaje Transversal es un equipo de arquitectos-urbanistas expertos en planificación, innovación y regeneración urbanas. Desde 2011 han desarrollado más de 100 proyectos en España e Iberoamérica, y su blog es una de las principales referencias sobre urbanismo y ordenación del territorio en lengua castellana.

 

Desde hace ya mucho tiempo se viene hablando de nuevas prácticas y una nueva forma de entender cómo debe ser la ciudad para que sea mejor, más sostenible, vivible e inclusiva. Estas prácticas han vivido un momento muy bueno de experimentación, donde han encontrado muchos escenarios para probar y comprobar teorías. Se trata de propuestas que nacen en contraposición al modelo urbanístico especulativo y expansivo que hemos vivido en las últimas décadas —auspiciado principalmente por la ley del suelo de 1997— y que tienen en la participación, la colaboración, la horizontalidad, la ecología y la utilización de las nuevas herramientas digitales sus principales rasgos diferenciadores.

 

Sería un pensamiento muy simplista suponer que el escenario de la pos burbuja del ladrillo ha sido el único partícipe de este cambio de mentalidad, ya que previamente se encuentran notables referentes históricos de los que hay que tomar buena nota para empezar a hablar de “nuevo urbanismo”. El objetivo de este artículo no es hacer un recopilatorio, sino demostrar que no solo es interesante sumergirse en otras formas de hacer ciudad, si no que cada vez es más necesario: el cambio climático, la concentración inevitable de la población en núcleos urbanos, la tensión en la convivencia, la contaminación atmosférica, sonora y lumínica, los problemas de movilidad, la desigualdad en aumento, las dificultades de acceso a la vivienda, la seguridad, la apertura de la mirada para incorporar a la construcción de la ciudad colectivos nunca contemplados por los planes urbanos.

 

Mapa de los barrios de Seminario y La Cacharra, donde se aplicará el ARU de regeneración urbana en Ávila. Proyecto de Paisaje Transversal.

Con todos estos propósitos no es de extrañar que miremos hacia los poderes públicos para que tiren de las riendas de este cambio, hacia políticas urbanas que rompan con las dinámicas desarrollistas que han hecho que lleguemos a donde estamos: un ímpetu de consumir suelo, ampliar la ciudad, construir y solo rehabilitar en determinados momentos, dejando que sea el mercado el que marque la pauta y el futuro de los residentes. Ante esa perspectiva debe imponerse la visión de una ciudad “densa”, “compacta”, “continua” y “compleja”. ¿Qué significa esto? Se trata de los cuatro conceptos urbanísticos preferidos de Ramón López de Lucio y visibilizan un modelo de ciudad que aprovecha sus recursos, que otorga a los ciudadanos la posibilidad de realizar sus labores y desplazamientos diarios de manera eficiente en el uso tanto de su tiempo como de sus recursos.

“Compacta” frente a la dispersión urbana de los años de la burbuja, una ciudad que facilita la racionalidad de los desplazamientos y reduce las distancias entre los distintos usos —huyendo de los largos recorridos diarios al trabajo, incluso de varias horas en cada trayecto—, que minimiza el uso de recursos y el consumo de suelo y que aumenta las relaciones de proximidad; “densa”, que permita generar la suficiente masa crítica de población para garantizar una adecuada dotación de servicios públicos —equipamientos sanitarios, educativos, administrativos—, un sistema de transporte eficaz con buena cobertura y frecuencias competitivas y una adecuada vida social y comercial; “compleja”, una ciudad de usos diversos, para evitar el fracaso de los espacios monofuncionales —lugares dedicados solo a una actividad— que se vacían cuando la actividad en cuestión no se realiza, con el desaprovechamiento de suelo que esto conlleva; y “continua”, para evitar la fragmentación de la ciudad, con microfragmentos de ciudad aislados entre ellos, como los PAU o los barrios-dormitorios.

Con todo este horizonte de problemas a solucionar y un modelo de ciudad en mente, ¿cuáles son los principios de la innovación urbana que deberían tener todos los profesionales en mente a la hora de planificar?

 

– Multidisciplinar/Transdisciplinar. Si estamos hablando de la integralidad a la hora de planificar no podemos quedarnos en las aproximaciones meramente disciplinares. De poco sirve una planificación centrada en la movilidad si esta no está acorde con la política económica que sigue una ciudad. Por eso, aplicamos en todos nuestros proyectos un enfoque multidisciplinar en el que los diagnósticos y los programas atienden a cuestiones diversas: espacio público, movilidad, actividad económica, inclusión social, cultura, patrimonio, etc. Es a través de la consideración simultánea de todas estas cuestiones que podemos generar estrategias urbanas que den respuesta a los actuales retos.

La permeabilidad teórica y conceptual es imprescindible, ya que se trata de construir el proyecto urbano integrado, otorgando las parcelas de responsabilidad correspondientes a cada una de las disciplinas. Un reto hoy día para la Administración Pública, donde muchas veces las áreas municipales operan aisladas entre ellas, carecen de dinámicas ni protocolos para compartir información o, incluso, existen tensiones de poder entre ellas.

 

– Participación ciudadana. Se viene diciendo en todos los puntos de manera reiterada: sin la implicación, el compromiso y la voz de un amplio espectro de los actores urbanos, difícilmente resultarán exitosos los procesos de transformación. Por eso, la innovación urbana viene de la mano de procesos donde las personas plantean su percepción del lugar donde viven, trabajan o visitan, sus problemáticas y sus potenciales. Si somos capaces de recoger esa valiosa información y cruzarla con otros datos (como los indicadores de sostenibilidad y la información procedente de fuentes de datos abiertos), así como con las valoraciones de los propios técnicos municipales, tendremos en nuestra mano la base para desarrollar mejores diseños urbanos. Eso sí, hay que tener claro que la participación tiene unos límites.

Por un lado, está la capacidad de entender el proyecto, la necesidad de hacer pedagogía antes de la recogida de información y la capacidad de los promotores de mostrar el objetivo del proceso de manera concreta y clara. A todas estas posibles barreras se unen la lucha de intereses, agentes y colectivos con necesidades y objetivos diferentes, y en ocasiones opuestos. Saber diseñar soluciones que atiendan a estos intereses es en muchas ocasiones una cuestión de equilibrio y de pedagogía hacia unos y otros.

Por todo ello, insistimos. No se trata de hacer copia y pega e incluir lo que la ciudadanía diga al proyecto, si no construir de forma conjunta y atendiendo a las diferentes necesidades los objetivos y estrategias que definen los proyectos. Pautas, metodologías y herramientas que permiten, en definitiva, desarrollar las mejores soluciones posibles.

 

– Sostenibilidad. ¿Sería posible hacer la ciudad del mañana si no pudiera perdurar en el tiempo? Los motivos para ver el pensamiento desarrollista como imposible de sostener en el futuro están claros: los crecientes impactos del cambio climático, el consumo del suelo como recurso limitado, e incluso la propia demografía.

Como ya hemos dicho en un principio, el cambio climático y el declive del medio ambiente está generando que lo que antes podría ser una opción sea ahora una imperiosa necesidad. Las ciudades —unas más que otras— sufrirán los embistes de este proceso global: subida del nivel del agua en las costas, riadas en las zonas fluviales, tormentas cada vez más violentas, temperaturas extremas… Esta realidad hace tiempo que se empezó a tener en cuenta en el urbanismo, pero ¿es suficiente? Se debe inclinar la balanza hacia la resiliencia de las ciudades, teniendo la naturaleza como aliada, no como enemiga. Y como tal debemos incluir en nuestro vocabulario (urbanístico) términos como infraestructura verde, emisiones cero, resiliencia, etc.

La reducción de los desplazamientos en vehículos privados motorizados, la eficiencia energética y el uso racional de los recursos que consumen las ciudades son la única alternativa posible. Solo así reduciremos los alarmantes niveles de contaminación de nuestras ciudades y combatiremos el cambio climático. Pero para lograrlo es imprescindible una voluntad política firme y la capacidad de implementar programas a largo plazo, que vayan más allá de los periodos electorales.

Ejemplo de mejora de una calle para incluir a toda la ciudadanía. Proyecto de Paisaje Transversal.

 

Nuevas tecnologías. Como en otros momentos de la historia, los avances en tecnología deben verse como nuevas herramientas a aplicar en los proyectos de transformación urbana. Pensando a corto alcance, las nuevas tecnologías permiten posibilidades aumentadas en la recogida, el acceso y la gestión de datos —fuentes de datos abiertos, redes sociales, herramientas de ampliación de la participación, etc. En una visión más conceptual, las nuevas tecnologías han abierto en muchas otras disciplinas nuevas perspectivas, derivadas de los conceptos de software libre, “bottom-up” (de abajo a arriba), y beta permanente.

El concepto “beta permanente” es el que mejor define y el que más claves aporta para hacer frente a este reciclaje de las prácticas arquitectónicas y urbanísticas. Hace alusión a, entre otras muchas cosas, la reivindicación del proceso frente al objeto, la horizontalidad del trabajo y el aprovechamiento del pensamiento en red; al desarrollo del conocimiento colectivo y la apropiación comunitaria de los proyectos como estrategia para la búsqueda de soluciones óptimas. Por otro lado, está la idea de “bottom-up” (de abajo a arriba). Por norma general los procesos participativos impulsados por la Administración han fracasado en su intento por promover la implicación ciudadana, en parte por la falta de canales y, en parte, por su propia condición jerárquica. Frente a estos procesos que podríamos denominar “top-down” (de arriba a abajo), cabe plantear nuevas lógicas bottom-up: procesos en los que el tejido social es el impulsor del proyecto, dinamizando comunidades desde pequeñas parcelas de acción, como la imagen de un puzle que adquiere significado a medida que enlazamos las diferentes piezas. De este modo se posibilitan mecanismos de apropiación y autonomía.

Otra de las nuevas tecnologías que tiene que aparecer en la innovación urbana es el Big Data. La recogida de datos nos proporciona una valiosa fuente de información que nos permite conocer el funcionamiento de la ciudad de manera más precisa y realizar una predicción y una planificación más ajustada de los usos, los desplazamientos y de las dinámicas sociales y económicas, además de ser más proactivos que reactivos. Aunque no depende estrictamente del Big Data, también se puede hablar de la planificación con uso mixto de las zonas, con el beneficio que supone para la convivencia. Se trata de redistribuir la actividad económica de forma racional para que los barrios de la ciudad tengan todos de todo. Una cuestión más de querer que de poder, que podría evitar desplazamientos innecesarios o que haya zonas urbanas que queden deshabitadas (como el cada vez más frecuente abandono del centro para comprar por la periferia y sus centros comerciales), entre otras.

 

Estos principios de la innovación urbana deben ir siempre apoyados en uno de los mayores retos que como sociedad tenemos: reducir la desigualdad y acabar con la vulnerabilidad. En clave urbanística, la transparencia en la participación ciudadana y la multidisciplinariedad en los procesos hacen que logremos incluir el mayor número de opiniones, visiones y realidades en ese nuevo diseño urbano. También debemos fomentar una cultura de la corresponsabilidad en la transformación y el cuidado de las ciudades que integre tanto al sector público, a la ciudadanía y a los agentes sociales, como al sector privado.

Aunque de una forma u otra ya hemos hablado de ellos, es conveniente señalar que los retos del Desarrollo Urbano Sostenible —acabar con la brecha social, renaturalización, rehabilitación, fin del abuso de los recursos— estarán presentes en nuestras ciudades por mucho tiempo, por eso cualquier tipo de innovación que se realice en la forma de releer nuestras ciudades debe incorporar esta mirada. De lo contrario, estaremos poniendo en duda el futuro de todas ellas.

Paneles informativos en el proceso de diagnóstico y regeneración urbana dentro del barrio madrileño de Virgen de Begoña. Proyecto de Paisaje Transversal.