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  • Texto: Carmen Montes Izquierdo Ilustración: Inés Seguí Iglesia (Alitaraxia)   Casi todos hemos tenido alguna vez dificultades al enfrentarnos a textos antiguos, pertenecientes a otras épocas y otros contextos históricos. Esto ocurre porque el lenguaje es un fenómeno social dinámico y en continuo desarrollo: si la realidad cambia, el lenguaje también. Esto mismo es lo que ocurre en Medellín a finales del siglo XX. De una manera muy peculiar surge una nueva forma de comunicarse: el parlache, una variedad del español que aparece en los sectores más desfavorecidos de Medellín, Colombia. Su gran popularidad ha hecho que se extienda a otros sectores de la sociedad y que se salga del área de Medellín, hasta encontrarse en muchas partes del territorio colombiano. A diferencia de otras modas del lenguaje que aparecen en momentos determinados y en grupos de la sociedad concretos, como ocurrió con la variedad argótica del “cheli’’ en la década de los ochenta en Madrid, esta variedad dialectal ha permanecido y además se ha ido extendiendo con el paso del tiempo hasta ser considerada un fenómeno socio-lingüístico objeto de estudio por parte de especialistas como Luz Stella Castañeda, que ha investigado en profundidad el parlache para la elaboración de un corpus lexicográfico.     El parlache surge en la década de los ochenta. En estos años se dio en Medellín un fenómeno de desigualdad social de magnitudes alarmantes. La ciudad experimentó un crecimiento no planeado debido, en parte, a los desplazamientos forzados causados por uno de los periodos más sangrientos de la historia de Colombia, en el cual los enfrentamientos entre la Fuerza Pública y las guerrillas causaron la muerte de miles de personas. Esta masa de población se asentó sobre todo en las áreas periféricas, donde las condiciones sociales decayeron trágicamente: había una gran escasez de empleo, la cobertura de salud y educación tenía unos niveles muy bajos y la calidad de los servicios públicos era pésima. Además, es en esta década de los ochenta cuando el narcotráfico estaba viviendo su momento más álgido y los cárteles de la droga cobraban fama internacional ─se calcula que el 70% de la producción de cocaína mundial era controlada por los dos cárteles más importantes de Colombia, el de Cali y el de Medellín─. En consecuencia, esta masa de población sin trabajo y sin apenas formación se dedicaba a actividades delictivas derivadas de los cárteles y empezó a generar un código argótico para comunicarse y no ser descubierta por individuos ajenos a este grupo. El resultado es una gran transformación social y cultural que divide la ciudad en dos grandes áreas y que tiene un gran impacto en muchos aspectos de la vida de estas personas y, por supuesto, en su forma de nombrar esta situación urbana. Es así como originariamente surge el parlache, una nueva realidad que conlleva una forma inédita de desenvolverse en ella y, por tanto, la necesidad de darle nombre.   El parlache es un dialecto social del español. Es decir, aunque presenta diferencias, se basa directamente en el idioma español y sigue sus mismas normas gramaticales y fonéticas. Su principal innovación consiste en la introducción de léxico nuevo. Al nacer el parlache en unas circunstancias marginales y en relación con las bandas y las actividades delictivas, la gran mayoría de las aportaciones que proporciona pertenecen a este campo semántico. Así, encontramos muchas expresiones relacionadas con la muerte, las armas, la policía, la droga, etc. No obstante, al haberse expandido y transformado este dialecto, muchas de estas expresiones han tomado otro carácter o significado. Por ejemplo, el término “gonorrea” se usaba en un principio como un insulto muy despectivo, pero, con el transcurso del tiempo, ha adquirido un carácter más cordial, especialmente entre los jóvenes, para pasar a ser una forma coloquial empleada a modo de saludo, como en la expresión “quiubo, gonorrea”. El parlache no solo se nutre del español para formar su léxico. Además de crear nuevas palabras y resemantizar otras ya existentes en el castellano ─como ocurre con “arrugarse”, que en parlache significa ‘acobardarse’, o “cotizar”, que significa ‘enamorar’─, el parlache toma préstamos de otras lenguas, especialmente del inglés. Por ejemplo, “ansorris”, del inglés “I’m sorry’’, ‘lo siento’, que se usa para disculparse; o “de one”, pronunciado “de uan” y procedente del inglés “at once’’, que significa ‘de una vez’. El parlache también toma palabras del lunfardo[1] como “cana”, que significa ‘cárcel’, o “amurao”, que significa ‘encarcelado’ y ‘triste’. Mucho menos comunes son los préstamos del portugués, solo se ha registrado un préstamo de esta lengua y es la palabra “parceiro”, que significa ‘compañero’, ‘amigo’.   La “Marca Colombia”   Dejando a un lado las características formales de este dialecto, lo más interesante es la carga informativa sobre Colombia que posee. El conflicto armado y el narcotráfico han marcado trágicamente la historia colombiana de los últimos sesenta años. Un dialecto que nace de estas actividades delictivas en las zonas más desfavorecidas de Medellín es una consecuencia directa de esta historia y, además, ejemplifica cómo esta ha llegado a definir la estructura económica, social y cultural de Colombia y, sobre todo, de Medellín. Las circunstancias en las que surgió el parlache en Medellín fueron la desigualdad económica y social, así como el rechazo por parte de la población conservadora hacia las personas que habitaban los barrios marginales. Sus formas de vida vienen marcadas por las actividades delictivas, la cultura de la droga y las bandas del narcotráfico, por lo que este grupo de población es rechazado por la cultura estándar de otros sectores de Medellín. Normalmente se localiza el parlache entre los hablantes que viven en los sectores 1, 2 y 3.[2]   Las bandas y la identidad   Las bandas criminales controlan diferentes zonas de Medellín, sobre todo en la periferia. Entre sus actividades se encuentran el narcotráfico, la extorsión, el tráfico de armas y el sicariato, es decir, el asesinato por encargo. Desde hace muchos años el gobierno de Colombia lucha por acabar con estas bandas, pero su integración en la sociedad colombiana hace muy complicada su erradicación. Estas bandas, paradójicamente, actúan como un dispositivo de socialización entre algunos sectores de la juventud de Colombia. Cuando los jóvenes entran a formar parte de ellas conocen rápidamente a muchas personas y gozan de reconocimiento entre los demás integrantes de la banda. Además, este sentimiento de pertenencia proporciona a estos jóvenes seguridad en sí mismos y una cierta identidad. Este es el motivo de que sea tan complicado acabar con las bandas, ya que la personas que han formado o forman parte de estas organizaciones —en las que normalmente ingresaron a una temprana edad— han formado su identidad personal a raíz de ellas y no saben ni conocen otras formas de vida o de ser que no sean las concomitantes a estas bandas. En Medellín también encontramos otro tipo de organización, los combos, que son pequeñas agrupaciones en las comunas populares de esta ciudad. Se dedican principalmente a cualquier actividad ilícita que dé dinero, ya sean apuestas, venta de droga, contrabando, prostitución, etc.  Este tipo de estructuras delictivas siguen determinando el futuro de muchos jóvenes que ingresan en ellas para sacar algo de dinero y para sentir que pertenecen a algo. El parlache surge, pues, de esta situación de desarraigo y crisis de valores, donde la cultura “estándar” denosta y rechaza otras formas que no respetan sus reglas y normas. Por lo tanto, esta habla conlleva rechazo, pero también un sentimiento de pertenencia e identidad, ya que las personas que la hablaban originariamente encontraban al usarla el regocijo de la pertenencia a un lugar común.   La emancipación del parlache   Lo extraordinario del parlache es que se ha independizado de ese origen marginal y de violencia. Desde hace años es hablado por gentes de otras clases sociales y lo encontramos además en medios de comunicación, obras de literatura, películas y música. En cierto modo, el parlache se ha convertido en símbolo de Medellín y de Colombia y goza cada vez de más fama y popularidad. ¿Por qué ha cuajado de manera tan fulminante en la sociedad? El parlache juega con las palabras, es muy creativo y humorístico, y además goza de sonoridad musical. Utiliza la cultura popular de manera ingeniosa dando como resultado una forma muy original de comunicarse.  Así, numerosos artistas lo han adoptado en sus obras cuando quieren representar esta realidad de Medellín y sus ambientes marginales.     Como novela llevada al cine, La virgen de los Sicarios, de Fernando Vallejo, es una de las obras cúlmenes de la cultura medellinense. Refleja como ninguna otra obra estos ambientes marginales y de violencia y representa la realidad del mundo del sicariato de manera fiel y fulminante. Para ello se ayuda del uso del parlache, hablado por muchos de sus personajes. Otra película que merece ser mencionada es La vendedora de rosas, dirigida por Víctor Gaviria. Esta trágica historia, ambientada en el Medellín de los años noventa, narra el drama que sufre una niña para sobrevivir en las calles de la ciudad, rodeada de prostitución y drogadicción. No sólo los artistas han adoptado el parlache en sus obras; también los medios se han apropiado de él. En su afán por buscar siempre la novedad y seguir las tendencias que muestra la población, los medios usan el parlache por su efecto refrescante y atrayente en el lector. Así, su presencia en periódicos, en revistas y en la televisión es cada vez mayor y ha ayudado a su expansión por todo el territorio colombiano y todas las clases sociales.     Como hemos visto, el parlache es una forma de expresión que se abre paso en esta nueva realidad urbana de Medellín en la cual los jóvenes buscan una identidad. Allí donde la cultura tradicional no da cabida ni respuesta a las preguntas del momento, nacen otras soluciones que reflejan las inquietudes de la sociedad. Este es un proceso que se da en todas las sociedades cuando las formas antiguas ya no abarcan satisfactoriamente la realidad del momento. Es necesario ver esto como algo positivo y no como una amenaza contra lo que tradicionalmente se ha considerado “lo correcto”. Las sociedades cambian y con ellas los lenguajes que usan. Las lenguas no son fenómenos estáticos, sino que crecen y se transforman continuamente. Así, el parlache es un fenómeno sociolingüístico que merece la misma atención y consideración que todas las creaciones humanas, pues su análisis nos ayuda a entender mejor las transformaciones y las características de la sociedad medellinense. Además, es de admirar en este dialecto que, pese a tener su inicio en una situación de desigualdad que dividió la ciudad de Medellín en dos, ha terminado por unirla y se ha transformado además en símbolo, no solo de esta ciudad, sino del resto de Colombia.     Fuentes y bibliografía   Manuel ALVAR (ed.), Introducción a la lingüística española, Ariel, 2000. Luz Stella CASTAÑEDA, Caracterización lexicológica y lexicográfica del Parlache para la elaboración de un diccionario, Tesis Doctoral, Universitat de Lleida, 2005. Luz Stella CASTAÑEDA, “El parlache: resultados de una investigación lexicográfica” en Forma y Función 18, (2005), pp. 74-101. Luz Stella CASTAÑEDA, José Ignacio HENAO, “Fórmulas de apertura y cierre en procesos de interacción verbal en parlache” en Lingüística y Literatura 62, (2012), pp. 47-62. Nicolás Ramón CONTRERAS HERNÁNDEZ, “Debate sobre los estudios del Parlache” en Forma y Función 24, (2011). “Estas son las bandas que controlan el crimen en Colombia”, El Colombiano, 26-08-2015, «http://www.elcolombiano.com/colombia/estas-son-las-bandas-criminales-que-controlan-la-delincuencia-en-colombia-YX2606364». Mario ELKIN RAMÍREZ, “Elementos para una psicología de las bandas de sicarios” en Revista Colombiana de Psicología 2, (1993), pp. 55-61. Luz Dora MUÑOZ RINCÓN, “Un recorrido por el parlache, como una nueva forma de expresión verbal” en Revista Comunicación 29, (2012), pp. 57-89. Mónica QUINTERO RESTREPO, “Parce ¿y vos también usás el parlache?”, El Colombiano, 1-09-2017, «http://www.elcolombiano.com/cultura/el-parlache-se-habla-ahora-en-cualquier-parche-MF7214871». REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, Diccionario de la lengua española, «http://dle.rae.es/srv/search?m=30&w=parlache». REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, Diccionario Panhispánico de dudas,  «http://www.rae.es/diccionario-panhispanico-de-dudas/terminos-linguisticos». Neus VILLA RUBIO, Luz Stella CASTAÑEDA, “Hacia un diccionario del parlache: estudio lexicográfico de un argot colombiano” en Quaderni del CIRSIL 5, (2006). Neus VILLA RUBIO, Luz Stella CASTAÑEDA, El argot, entre España y Colombia. Estudios léxicos y pragmáticos., Edicions de la Universitat de Lleida, 2012.   Notas [1] Jerga empleada originalmente por la gente de clase baja de Buenos Aires (Diccionario Panhispánico de Dudas). [2]La ciudad de Medellín está divida en seis sectores que determinan el poder adquisitivo de las personas que viven en ellos. Las personas con menor poder adquisitivo se sitúan en el sector 1 y a medida que aumenta que este poder adquisitivo aumenta también el número de sector, de manera que las personas más ricas viven en el sector 6.